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Santa Bárbara

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PINTURAS

En el tramo central del crucero o tansepto de la iglesia, Javier Clavo (cuyo nombre y fecha de 1957 figuran en el pilar más próximo al Evangelio) desarrolla un amplio programa iconográfico de carácter cristológico, muy rico en figuraciones y simbolismos.

En la parte superior, en los ocho espacios del tambor octogonal sobre el que descansa la cúpula, se representa a Dios Trinitario (Padre, Hijo y Espíritu Santo), a los Evangelistas y a los Apóstoles.

Preside el paño central la figura del Cristo Pantocrátor o Todopoderoso, representado a la manera bizantina: de medio cuerpo, enmarcado en una mandorla  o  almendra mística (figura geométrica en forma de elipse o lengua de fuego que solía rodear a la figura divina en sus teofanías y que simboliza inmaterialidad), con barba, largos cabellos, nimbo crucífero, y sosteniendo en una mano el Libro -símbolo de religión revelada- y la otra mano indicando las tres personas de la Trinidad. La figura del Pantocrátor era muy utilizada en el arte bizantino para presidir el ábside principal de la Iglesia y también las cúpulas.

Sobre la cabeza del Pantocrátor se abre un pequeño óculo o ventana redonda en cuya vidriera se representa una paloma, símbolo del Espíritu Santo, tercera perso­na de la Trinidad. De las tres formas más recurrentes de representar al Espíritu Santo -la paloma, el rayo de luz y las lenguas de fuego el artista combina aquí , acertada­mente, dos de ellas: la luz que se introduce por el óculo y la paloma de la vidriera.

Por encima del Pantocrátor y del Espíritu Santo aparece la Mano de Dios (Dextra Dei o Manus Dominí). Se trata de una mano saliendo del cielo o de una nube, con los tres dedos indicando la Trinidad. Es el símbolo más uti­lizado en el Antiguo y en el Nuevo Testamento para re­presentar a Dios Padre (en el sacrificio de Isaac, entre­gando a Moisés las Tablas de la Ley, en el Bautismo de Cristo, en la Ascensión, etc.) El término hebreo "iad" significa al mismo tiempo “mano" y “poder". La repre­sentación de la Dextra Dei simboliza, por tanto, el poder divino, la voluntad del Señor.

De este modo, el panel central contiene la representación de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo bajo tres de sus formas más tradicionales:

el Pantocrátor, la Paloma y la Mano de Dios, tres teofanías que se inspiran en textos de Isaías, Ezequiel y el Apocalipsis de San Juan.

En el resto de los paneles del tambor se representan los cuatro evangelistas y los doce apóstoles.

Evangelistas.

Los evangelistas - Mateo, Marcos, Lucas y Juan - son los portadores de la "buena nueva", quienes anuncian a Jesús como Mesías y Salvador. Son representados a la manera tradi­cional: sentados escribiendo en un pupitre y con el Libro que simboliza el Nuevo Testamento, la Nueva Ley. Sobre sus cabezas una vidriera circu­lar contiene el nombre de cada uno de ellos.

En la parte inferior se representa el tetramorfos, las cuatro formas, que sostenían el trono del Señor en la vi­sión de san Juan referida en el Apo­calipsis: "Había cuatro seres vivien­tes, tachonados de destellos, por de­lante y por detrás: el primero se pa­recía a un león, el segundo a un toro,    Águila-Juan el tercero tenía cara de hombre y el cuarto parecía un águila en vuelo ... y cantan sin pausa Santo, Santo, ..."

Desde los primeros siglos del cristianismo, el tetramorfos ha compartido varios simbolismos.

En primer lugar ha sido identificado con los cuatro evangelistas: el hombre con san Mateo, el toro con san Lucas, el león con san Marcos y el águila con san Juan.

Por otro lado, para san Jerónimo el tetramorfos simboliza cuatro momentos esenciales de la vida de Cristo: el hombre la Encarnación, el toro la Pasión (el toro era el animal característico del sacrificio en el mundo antiguo), el león la Resurrección (según la tradición el león con su aliento y rugido despierta a sus cachorros recién nacidos), y el águila la Ascensión.

Finalmente, el tetramorfos realza la majestad de Cristo ya que cada uno de estos animales predomina entre los de su especie: el águila entre las aves, el toro entre los animales domésticos, el león entre los animales salvajes y el hombre sobre todas las criaturas.

Apóstoles.

Si los evangelistas eran los portadores de la "buena nueva", los apóstoles son los encargados de difundir el evangelio, la palabra de Dios, por todo el mundo. Su atributo es, pues, el rollo o el libro del Nuevo testamento. Por lo general son representados en grupo (en este caso en grupos de cuatro, ocupando tres paneles) en la escena denominada "Misión o dispersión de los apóstoles", es decir el momento en que Cristo les dice: "Id por el mundo pregonando la buena noti­cia" (Mc. 16).

Es frecuente - como en este caso  que evangelistas y apóstoles aparezcan asociados a profetas y patriarcas, pero siempre ocupando un lugar más eleva­do o más relevante, o con figuras de mayor tamaño, para indicar la impor­tancia del Nuevo Testamento sobre el Antiguo.

Profetas, patriarcas y reyes.

En los pilares del tramo central del crucero se represen­tan - de dos en dos y con el nombre sobre sus cabezas -una serie de notables personajes del Antiguo Testamen­to: Moisés, Elías, Jonás, David, Daniel, Ezequiel, Jere­mías e Isaías. Son representados con largos mantos, el rollo y la filacteria que alude a sus profecías. En ocasio­nes se identifican, como veremos, por algunos atributos personales.

Si evangelistas y apóstoles tenían como misión traer y difundir la "buena nueva", los profetas son quienes, en el Antiguo Testamento, anuncian o anticipan al Mesías.

Moisés y Elías. Moisés fue el patriarca que liberó al pueblo de Israel y lo condujo a la Tierra Prometida. Es considerado, por tanto, como una prefigura o anticipación de Cristo como Salvador y Redentor de los hombres. Sus dos atributos más frecuentes son las Ta­blas de la Ley y la luz que emana de su ros­tro, como se aprecia en esta representación.

 

Sin embargo, el tema de la luz emanando del rostro de Moisés ha dado lugar a una curiosa variante iconográfica. En el Éxodo se dice que cuando Moisés descendió de la montaña su rostro estaba radiante, res­plandecía con  haces luminosos. San Jerónimo en la Vulgata tradujo los haces luminosos por cuernos de oro emanando de su frente. Esto ha dado lugar a numerosos representaciones de Moisés con cuernos en su frente (sin duda, la más conocida la de Miguel Ángel).

 Elías. Tanto el cuervo como el rosario que sostiene en sus manos son dos de sus atributos más característicos. En el Libro de los Reyes se refiere que un cuervo le pro­veía de alimento mientras duró el largo periodo de se­quía con el que el señor castigó al idólatra rey Acab.

 l rosario alude a la devoción que los carmelitas sienten por Elías, el cual vivió mucho tiempo retirado en una cueva del monte Carmelo. Como profeta, arrebatado al cielo en un carro de fuego, anticipa la Ascensión de Cristo.

 David y Jonás. El rey David, autor de salmos e himnos religiosos, es representado con coro­na real y arpa o salterio en sus manos, como prefigura de Cristo Rey. A su lado, Jonás, que pasó tres días en el vientre de una ballena, an­ticipa la Resurrección de Cristo.

 Daniel y Ezequiel. Ambos profetas vivieron con su pueblo el cautiverio de Babilonia. Sus profecías - Daniel y los leones, los tres hebreos en el horno, la casta Susana, etc. - van encami­nadas a mantener la esperanza del pueblo de Israel y prefiguran la salvación por la fe en el Señor.

Isaías y Jeremías. Las profecías de Isaías -"Una rama saldrá del tronco de Jesé", y "He aquí que una doncella dará a luz un hijo ..." anticipan la Anunciación y la Encarnación de Cristo. Jeremías es el profeta de las lamenta­ciones, anuncia la destrucción de Jerusalén y el cautiverio de Babilonia; según la tradición mu­rió apedreado. Anticipa la Pasión de Cristo.

Para concluir, indicar que se trata de pinturas muy dibujísticas, de trazo muy marcado y con pocas concesiones a los detalles como es propio de pinturas realizadas al fresco, técnica que requiere una gran rapidez en la eje­cución ya que las pinturas tienen que realizarse mientras la carga está aún húmeda. Resaltar, finalmente, los nu­merosos retratos que Javier Clavo utilizó en los rostros de apóstoles y ángeles: Ortega, Pío Baroja, el propio Clavo (sobre el arco "Yo soy la vida", con túnica azul, etc.