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SANTA BÁRBARA

Sin duda, a poco que hurgue­mos en la memoria, recordaremos aquellas palabras que de niños recitábamos entre atemo­rizados y esperanzados ante la inminencia de una tormenta:

“Santa Bárbara bendita que en el cielo estás escrita;

 santa Bárbara doncella que en el cielo eres estrella:

líbranos del rayo y de la centella”.

Quién es esta Santa cuya imagen, en figura dorada, copia de una talla alemana del siglo XIII, ocupa el espacio central del retablo de Llaranes.

El conjunto de tradiciones, leyendas y hechos milagrosos relativos a la vida de esta Santa aparecen compila­dos, en el siglo XIII, por el arzobispo de Génova Santia­go de la Vorágine, en su obra "La Leyenda Dorada".

Santa Bárbara nace en Nicomedia (junto al Mar de Mármara, cerca de Bizancio) en la primera mitad del si­glo III. Su padre, de nombre Dióscuro, la manda encerrar en una pequeña torre (iluminada únicamente por dos ventanas) para evitar su inclinación por las ideas de los odiados y perseguidos cristianos. En la torre es iniciada en las verdades del cristianismo por el sacerdote Valentín que, haciéndose pasar por médico, la visitaba con asi­duidad. Como expresión de su fe en la Trinidad, abre una tercera ventana en la torre. Ante las reiteradas ame­nazas, logra escapar de la torre y de la ira de su padre, y se oculta entre una rocas que se abren para esconderla. Delatada por un pastor (cuyas ovejas en ese mismo ins­tante se convirtieron en una plaga de langostas) es some­tida a numerosos tormentos: azotes, quemaduras, po­tro... Ante su inquebrantable renuncia a los principios cristianos, es condenada a muerte por decapitación.

Su propio padre ejecuta la sentencia en lo alto de una co­lina situada en las afueras de la ciudad. Tras la ejecución se desató una gran tormenta y su padre fue alcanzado mortalmente por un rayo.

Santa Bárbara alcanzó gran popularidad, en los siglos finales de la Edad Medía, en Alemania, Países Bajos y norte de África, como indican el gran número de oficios y corporaciones que se colocan bajo su advocación: to­das las relacionadas con rayos, truenos, fuegos y explo­sivos (artilleros, arcabuceros, fabricantes de pólvora, etc.) de los campaneros (las campanas se hacían sonar cuando había tormenta), de los presos, albañiles y arqui­tectos (por su reclusión en la torre y por haber abierto en ella una tercera ventana como expresión de su fe), tam­bién era invocada por los agricultores cuando sus campos eran amenazados por la plaga de langostas, etc.

Pero, sin duda, la gran ascendencia de Santa Bárbara en la religiosidad popular procede de su consideración como "santa eucarística", es decir, su intercesión previe­ne de la muerte repentina o fulminante, de la muerte sin confesión ni comunión.

Tras estas consideraciones acerca de la vida y hechos milagrosos de Santa Bárbara es fácil entender los dos rasgos iconográficos que repetidamente-como es el caso del retablo de Llaranes acompañan a la santa: la torre con tres ventanas y el cáliz que preserva de la muerte sin comunión.

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