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El Dorado Llaranes Alberto del Río Legazpi Artículo publicado en la revista "El Bollo" - Avilés marzo 2008
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El título de este artículo circula, deliberadamente, entre zonas sembradas de ambigüedad. Por ejemplo, da lugar a suponer que Llaranes remite a El Dorado (o Eldorado), aquel lugar mítico que en aquella América recién descubierta por los españoles, era lugar en el que se suponía que había grandes reservas de oro, que los conquistadores buscaron, con ahínco -no correspondido- a partir de 1530. Por cierto que por aquellas fechas ya existía Llaranes como lugar cercano a la amurallada villa de Avilés. Aunque es lógico pensar que el trabajo luce ese título porque me estoy refiriendo a los cincuenta años que van desde 1957 hasta 2007, que son los cumplidos desde la creación de la parroquia de Santa Bárbara de Llaranes hasta nuestros días. Estas “bodas de oro”, de ahí lo del dorado, fueron celebradas a lo largo del pasado año con mucho acierto y despliegue de actos culturales, religiosos, lúdicos y deportivos. En el mismo paquete de celebraciones también se conmemoró la construcción del insólito poblado de Ensidesa. Aunque no está de más recordar -volvemos a movernos en arenas ambiguas- que dicho poblado fue considerado como una especie de El Dorado (o Eldorado) por muchos de los trabajadores que ingresaban en la gran factoría siderúrgica. Su situación estratégica “a pie de obra”, la calidad de vida del conjunto urbanístico y los servicios sociales de que disponía, no tenían parangón con ninguno de los otros poblados que surgieron por entonces en los alrededores de la ciudad, para paliar la enorme demanda de vivienda que generó la inmigración; aquellas grandes oleadas de personas que, de toda España, llegaban a la ciudad al reclamo de los millares de empleos que se creaban en Avilés. De cualquier forma de Llaranes, del dorado Llaranes, conviene relatar algunas características que lo singularizan.
Su antigüedad No es muy conocida la antigüedad de los barrios tradicionales de Avilés y quizás Llaranes sea el ejemplo más ilustrativo de esa ignorancia histórica. Bastantes avilesinos, creen que este barrio nació cuando a comienzos de la década de los cincuenta, del pasado siglo XX, comenzó a instalarse en nuestra ciudad Ensidesa, una de las mayores siderúrgicas de Europa. Sin embargo Llaranes es lugar tan vetusto que se remonta a tiempos del imperio romano, del que aquí se han descubierto restos de monedas romanas, la más destacada de ellas es una de cobre que se conserva en el Museo Arqueológico de Asturias. La distancia en el tiempo que separan al antiguo Llaranes, es decir a Leranes (topónimo romano) del actual, con poblado siderúrgico incluido, se mide por siglos. Es un asentamiento de población que habitaba un valle que hoy podemos delimitar entre el espacio comprendido por la ría de Avilés y el actual trazado ferroviario de la línea Avilés-Villabona y del puente Azud al poblado de Garajes (un poco más allá, en dirección a Trasona, del llamado hospitalillo de Ensidesa). Su antigüedad también está certificada por la pequeña y hermosa ventana, de factura prerrománica, que se puede ver en la capilla de San Lorenzo, en el llamado “Llaranes viejo”. De igual forma hay constantes citas por escrito que nos remiten al siglo XI, en el que un testamento da cuenta de la donación, por parte de familia pudiente, de la villa integra de Leranes a la iglesia ovetense. La iglesia mandaba mucho y las pudientes familias tampoco lo hacían mal. En el siglo XVII sabemos que se mejoran sus caminos y calzadas. En 1887, el obispado de Oviedo apañó un arreglo, por el que “a la Parroquia de San Nicolás de la Villa de Avilés se le agrega el Barrio de Llaranes de Sabugo”. De lo que se deduce que el modo de vida de sus habitantes, no solamente era el campesino, sino que practicaban la pesca y por ello quizás tuvieran una estrecha relación con el pueblo de Sabugo, extramuros de la villa de Avilés. Pero fue a partir de 1950, como se dijo antes, al crearse la Empresa Nacional Siderúrgica S.A. (Ensidesa), cuando Llaranes experimentó una revolucionaria transformación al edificarse en el lugar un gran poblado para los trabajadores de dicha empresa. Por aquel entonces no es que Ensidesa mandase mucho, es que lo mandaba todo. Hasta el punto de que en Llaranes a pesar de haber un San Lorenzo, construyó dos Santas Bárbaras (entiéndase esto en el mejor de los sentidos): un templo religioso y otro deportivo (su campo de fútbol) hoy rebautizado con otro nombre.
Lo marino La parroquia está ubicada en la margen izquierda de la ría de Avilés. Así que lo marítimo no le es ajeno. Por ejemplo no conozco otro lugar del municipio avilesino, con cuyo nombre se haya bautizado un barco mercante. Durante bastante tiempo un mercante surcó los mares luciendo en popa y proa, como es preceptivo, el nombre “Llaranes”. El mercante así llamado, era un granelero-bulkarrier, fue botado en 1971 en Astilleros Españoles S.A. de Sevilla y atracó muchas veces en el puerto de Avilés, transportando mineral para los hornos altos de Ensidesa. Años después se le cambió el nombre (cosa frecuente en el marina mercante) pasando a llamarse “Nacional Aveiro” (en 1981) y en 1985 “Andre De Gouveia”. El rastro se pierde el 9 de septiembre de 1994, cuando constaba como varado en Alang (India) listo para ser desguazado.
La aviación El barrio es pionero en la historia local de la aviación. Ocurrió en 1914 cuando desde los campos del valle de Llaranes despegó -y luego aterrizó- la primera avioneta que hizo un vuelo por Avilés y sus alrededores. El aparato era de la marca Pomerd y el piloto fue Rodrigo González.
El cine “Romería asturiana en el Prado de Llaranes. Aspectos” es uno de los capítulos de una película (muda) rodada en 1924 en Avilés, Salinas y Soto del Barco, con motivo de la visita de las autoridades norteamericanas del Estado de Florida. En dicha cinta, que ha sido rescatada del olvido no hace mucho tiempo, se pueden ver a senadores, alcaldes y personalidades destacadas de aquel estado americano, que acudieron a nuestra ciudad a homenajear a Pedro Menéndez de Avilés, fundador de la ciudad más antigua de los Estados Unidos: San Agustín de La Florida. Una de las secuencias está rodada en Llaranes, en terrenos que hoy ocupan la Plaza Mayor y la avenida principal del poblado. La propiedad de los mismos pertenecía a Gonzalo Heres, un indiano al que apodaban “El Diamante”. Por tanto Llaranes es el primer barrio avilesino que aparece en la gran pantalla. Luego, con los años, el Grupo Foto-Cine Ensidesa, con sede social en el barrio, convocaría anualmente un Certamen Internacional de Cine Amateur.
El deporte En Llaranes nació el fútbol avilesino. Hay dos teorías o dataciones enfrentadas sobre donde se celebró el primer partido de fútbol de la historia local: en el campo del Carnero el 11 de octubre de 1903, o en el cercano «prau de la Roxa» el 4 de mayo de 1904. De cualquier forma ambos lugares pertenecen a la parroquia de Llaranes, donde hay gente muy especialmente unida al fútbol, por ejemplo el 5 de septiembre de 1956 se fundó el Llaranes C.F. Bien, pues el socio número uno fue Ángel Álvarez Fernández, que nuevamente fue vocal, en 2006, cuando volvió a renacer el equipo. ¡50 años después! El 22 junio de 1965 los socios otorgan la presidencia a Juan Muro de Zaro (directivo de la empresa siderúrgica) y el club pasa a llamar C.D. Ensidesa… luego vino la fusión con el Real Avilés y el club paso a llamarse Real Avilés Industrial, que durante años jugó sus partidos de liga en Llaranes, en el estadio de “Santa Bárbara” (así se llamaba al principio) o en el “Juan Muro de Zaro” como se rebautizó después. No hay lugar en Avilés donde el más popular de los deportes haya tenido tanta importancia, desarrollo y protagonismo como en Llaranes, donde nació -como ya dijimos- el fútbol local. Y donde más tarde “surgió” Enrique Castro (Quini), para muchos el jugador asturiano más famoso de todos los tiempos… Y junto con él, también se formó la cantera que haría grande al Sporting de Gijón (Castro, Churruca, José Manuel etc.) llevándolo a jugar competiciones europeas. El fenómeno futbolístico de Llaranes era de una magnitud muy considerable y la mejor prueba, de que le daba a todos los palos, se puede ilustrar arguyendo que la cumbre en el aspecto práctico podemos decir que está representada por Quini (con goles en el campo) y en el teórico por Toni Fidalgo (escribiendo en prensa y gestionando en los despachos). Ambos coincidieron en el mismo equipo (Bosco Ensidesa) jugando el campeonato de España juvenil (ver foto) de la temporada 1967-1968. Toni que no siguió en el fútbol competitivo se hizo, a edad temprana, un hueco como redactor en un importante diario deportivo madrileño -mientras por las mañanas cursaba Ciencias de la Información- y más tarde comenzó un ascenso fulgurante en puestos directivos del fútbol español. El último cargo que ha ocupado, de momento, ha sido el de presidente adjunto de la Liga de Fútbol Profesional. Aparte está el hecho anecdótico, ocurrido hace poco tiempo, de su liviana presidencia del Real Oviedo, club que le reclamó pero cuyo fulgurante accionista figurante no cumplió con la independencia que le había prometido para dirigir el club, por lo que dimitió y regresó a su refugio avilesino. Las instalaciones deportivas de Llaranes fueron modélicas para su tiempo, y aún destacan hoy, deportivamente hablando. Situadas a espaldas de la Plaza Mayor, el conjunto lo conforma principalmente el estadio de fútbol “Muro de Zaro” y anexo al mismo el complejo de La Toba, uno de los más importantes de Asturias, donde se sigue ejerciendo -aunque en menor intensidad- pero con apreciable efectividad el aprendizaje de jóvenes deportistas. Porque no sólo en el fútbol destacó Llaranes, también el baloncesto, balonmano, balonvolea, y atletismo tuvieron un especial protagonismo regional y nacional. Por otro lado es inaudita la gran cantidad de grupos sociales (deportivos y culturales) que la empresa siderúrgica amparó desde su departamento de Asuntos Sociales (montañismo, pesca-caña, y un largo etcétera). Por ejemplo, el de montaña tenía miles (que se dice muy pronto) de socios. La figura emblemática y entusiasta de Fran Lorente, responsable y coordinador de la empresa siderúrgica en la organización de dichos grupos, tiene un lugar preferente en la historia del Llaranes moderno.
El comercio El economato de Ensidesa (más tarde acogió también a los empleados de Endasa, hoy Alcoa) surtía a todo Avilés y alrededores y casi me atrevería a decir que a buena parte de la Asturias más cercana a nuestra ciudad. Batió records comerciales ya que ofrecía mercancías, prácticamente, a precios de coste, lo que originó todo un masivo fenómeno comercial, ya que no era difícil que alguien no tuviera un familiar o un amigo en Ensidesa (con miles de trabajadores en plantillas) a quien encargar pedidos al mismo. Y no olvidemos que también se vendía ropa, calzados, etc... Es fácil imaginar la desesperación del comercio local ante tan despiadada competencia. No creo descabellado decir que Llaranes marcó una época comercial inversamente proporcional a los críticos niveles de ventas de la gran mayoría de los establecimientos del centro de la ciudad.
El poblado de Ensidesa Arquitectónicamente es algo fuera de norma -para lo que se llevaba entonces- y su proyecto fue firmado por Juan Manuel Cárdenas y Francisco Goicoechea. El poblado fue vanguardista en su concepto (hospital, colegios modélicos, comercio barato, servicios sociales multitudinarios) y en la práctica. Y aún hoy conserva algunos de estos elementos sociales. En su realización destaca sobre todo su habitabilidad funcional, ya que las casas en su gran mayoría son de planta baja y piso, en pequeños bloques separados por parterres. En la colina, como manda la tradición, domina la iglesia, el edificio de mayor altura del poblado. La denominación de las calles está determinada por su situación física: las de la parte baja llevan el nombre de ríos y las de la zona alta de montes. La Empresa Nacional Siderúrgica, “la empresa” o “la factoría” como se decía entonces mayoritariamente para referirse a Ensidesa, y no “la fabricona” como mantienen algunos. La empresa, digo, aprobó el diseño de un barrio, que se acercaba a la utopía, en el que los empleados (“productores en la jerga oficial”), tenían acceso a un determinado tipo de vivienda, dentro de un concepto de pueblo ideal dotado de una completa gama de servicios de todo tipo. Y todo a tiro de piedra de la factoría, pues no olvidemos que por aquel tiempo el automóvil era casi un privilegio. En el poblado de Llaranes llamaba la atención todo el conjunto que tenía visos de población nórdica por sus tejados de pizarra y por su limpieza, de líneas y de la otra. Individualmente habría que destacar: en la parte baja, la Plaza Mayor que reúne todas las características propias de un centro de población, con servicios de correos, bancarios, farmacia, et. En el centro de esta plaza porticada y en el edificio de mayor altura del poblado (después de la iglesia), se asentaba Asuntos Sociales, organismo que funcionaba prácticamente como un ayuntamiento, dada la centralización de servicios allí reunidos que atendían las necesidades del poblado, y donde también tenía su sede la Guardería Jurada, servicio privado de orden de Ensidesa.
La iglesia de Santa Bárbara, situada en la
parte alta de la localidad como mandan los cánones, exteriormente no El antiguo Colegio de Niñas (actual Colegio Público), en la parte trasera de la Plaza Mayor, es un ejemplo definitivo de arquitectura funcional, con aulas separadas del jardín por puertas deslizantes de cristal que sitúa, con buen tiempo, a alumnos y profesores en plena naturaleza. Contiene una magnífica decoración formada por obras de Javier Clavo (como no), Luís Echánove y Juan Ignacio Cárdenas. En el antiguo Colegio de Niños, situado en una de las avenidas que lleva a la iglesia de Santa Bárbara, destaca un parque infantil, tan magnífico como mágico, por los elementos decorativos que contiene, aunque hoy el espacio está un tanto abandonado. El poblado está actualmente considerado como una joya del urbanismo y hubiese sido un perfecto complemento del proyecto (fallido) del museo de la industria, que, Principado mediante, se quiso construir en las inmediaciones, allí donde se alojaron cuatro hornos altos en fila india, que fueron arrasados (no dejaron ni la muestra) junto con otras instalaciones del imponente patrimonio industrial avilesino, que conformaron una época importantísima en la historia de la ciudad, que ha sido brutalmente borrada del mapa. El poblado de Llaranes fue -y es- la excepción que confirma la regla de poblados cutres de la época, de los que hay abundancia en el término municipal de Avilés. Con su construcción Llaranes pasó -en quince años- de 338 parroquianos a más de 8.000. Hoy son 6.800, pero recientemente tendiendo a subir. En los últimos tiempos, con la crisis siderúrgica en estado galopante, la empresa siderúrgica (que ya no respondía al nombre de Ensidesa) se desentendió del poblado, vendiendo a bajo precio las casas a los trabajadores, y el Ayuntamiento de Avilés se hizo cargo del mismo. Obvio es decir que ya no era lo mismo.
Compendio Repito que el prodigio de Llaranes es algo que gran mayoría de avilesinos no se creen. Hay que esperar que los actos del “dorado” cincuentenario hayan ayudado a muchos de ellos a salir de su ignorancia. No en vano este barrio tiene santo y santa (San Lorenzo y Santa Bárbara) por patrones, cosa que me reconocerán poco habitual. Y en 2007 Pilar Varela, nacida en esta parroquia fue elegida alcaldesa de Avilés, convirtiéndose así en la primera mujer que ostenta tal cargo en la rica e importante historia local. Llaranes es lo suficientemente importante como para estar protegido por el nuevo Plan General de Ordenación Urbana de Avilés. Y su poblado es una referencia, cada vez más notable, en los congresos nacionales e internacionales de urbanismo. Así que, por todo lo escrito hasta aquí es por lo que todavía creo que hoy, como en aquel ayer de hace cincuenta años, Llaranes es sinónimo de modernidad.
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